La aulaga es una planta muy extendida en toda la isla de Fuerteventura. Decía Unamuno que "la aulaga no es más que un esqueleto de planta espinosa" y que sus desnudos y delgados tallos, armados de espinas, no se adornan más que con unas florecillas amarillas". Y en efecto, en la primavera sus pequeñas flores de color amarillo dan tono de color al paisaje majorero, pero su contacto es desagradable puesto que al tocarlas sus púas se clavan y hacen daño, lo que la convierte en una planta hostil y prácticamente inservible.
Y sin embargo, los campesinos majoreros con su extraordinaria capacidad para amoldarse a la naturaleza han convivido estrechamente con ellas usándolas para alimentar al ganado, para calentarse, para cocinar, para pescar, para construir sus casas, para dormir y como combustible en los hornos de cal. Quien diría que una planta tan agrete pudiera ser tan útil y agradecida.

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