RANCHO DE ÁNIMAS EN FUERTEVENTURA
Cada tarde-noche del 31 de octubre se
organizaba el rancho de ánimas en diversos lugares de Fuerteventura. Existió
antiguamente el rancho de Betancuria, el de La Oliva, de Tetir etc, aunque ya hace más de 50 años que estas
agrupaciones interrumpieron su actividad exceptuando el de Tiscamanita.
Además de los
instrumentos tradicionales se llevaba siempre una o varias espadas de hierro
cilíndricas con puntas romas que se tocaba con otro de menores dimensiones y
siempre destacaba la voz de algunos prestigiosos solistas que se acompañaban
del coro. Al anochecer se encendían hogueras en algunas montañas y con burro y
alforjas se accedía a las casas donde
el mayordomo del rancho iniciaba los
cánticos a los difuntos solicitando
permiso diciendo “vamos a ver cómo estamos, a ver si cantamos”, o “se canta o
se reza”, y si se consentía se iniciaba el repertorio, en ocasiones las coplas
de la Virgen de la Peña, pero usualmente se improvisaban coplas referidas a las
personas fallecidas.

A cambio siempre
se les invitaba a algo de comida y a algunas copas pero si esto no sucedía se
incitaba a ello con las coplas: “ Si
tiene tocino haga una fritura, traigo la barriga pegada a la cintura”. Y tras
las copas y las coplas se continuaba el vía crucis no sin antes recoger y
cargar en las alforjas los regalos que se recibían. Raramente algo de dinero y
de forma usual en especies: chícharos, garbanzos, trigo, huevos etc.
En caso de que lo
ofrecido no fuese generoso, los cantadores entonaban coplas ya menos
respetuosas como esta “Yo le digo a usted don Juan que si no me da una peseta,
para el año que venga no tiene que sembrar” o “Si este ventero se salva, se
salva el macho de mis cabras”.
Pero el rancho de ánimas no sólo perseguía la
finalidad de rememorar con cantos a los difuntos, sino que también actuaba como
institución catalizadora de la moral cristiana y así en ocasiones las coplas recordaban las “deficiencias “ de
algunos fieles : “Aquí vive el pollo Sánchez, aquí vive el -Orejeta-, aquí vive el que mantiene dos
mujeres por su cuenta”.
Juan Ramón Rodríguez alma del rancho de Tiscamanita
El rancho de ánimas finalizaba su recorrido
ya de día en la iglesia del pueblo donde era recibido por los vecinos,
iniciándose la procesión con el Santo. Luego se le entregaban al párroco los
donativos recogidos. El dinero ofrecido
iba a las arcas de la iglesia y se invertía en la celebración de misas de difuntos, y los objetos y
alimentos eran administrados por el párroco. También era usual que las semillas
fueran plantadas en una “pionada” por
todos los vecinos en terrenos eclesiásticos que en Tiscamanita nos contaba D.
Juan Ramón Ramírez estaban en las Hoyas de San Marcos”.